En lo alto de la Giralda hay una mujer de bronce que gira. Lleva ahí desde el 13 de agosto de 1568, representa el Triunfo de la Fe y funciona como veleta, de modo que los sevillanos la han usado durante siglos para saber de dónde sopla el viento. La llaman el Giraldillo, y de ese giro le viene, según la explicación más extendida, el nombre a toda la torre. Debajo de ella hay casi cuatrocientos años más de historia, dos religiones y treinta y cinco rampas que puedes subir tú mismo.
La Giralda de Sevilla es el símbolo de la ciudad y una de las torres más reconocibles del mundo. Te explico cómo se construyó, cómo se sube, qué cuesta y desde qué ventana se ve mejor Sevilla.
Un alminar para la capital almohade
A finales del siglo XII, Sevilla era una de las capitales del imperio almohade y sus califas quisieron dotarla de una mezquita mayor acorde con ese papel. La anterior, del año 829, estaba donde hoy se levanta la iglesia del Salvador y se había quedado pequeña.
El alminar de la nueva mezquita se empezó en el otoño de 1184, bajo la dirección del arquitecto Ahmad ben Baso. Las obras se pararon pronto y no se retomaron hasta 1188 o 1189, ya con el alarife Alí de Gomara al frente y el ladrillo como material principal. Tras la victoria almohade en Alarcos, en 1195, el califa mandó coronarla con grandes esferas de bronce dorado. Aquella torre medía unos 82 metros.
Desde la calle todavía se lee esa primera vida: mira los paños de ladrillo de las fachadas, con su decoración de rombos entrelazados. Es la parte original del siglo XII.
Cuando el alminar se hizo campanario
En 1248, Fernando III conquistó Sevilla. La mezquita se consagró como templo cristiano y el alminar pasó a ser campanario. Siglos después, con la nueva catedral gótica ya terminada, el cabildo quiso darle a la torre un remate a su altura y se lo encargó a Hernán Ruiz, que diseñó un cuerpo completo de campanas sobre la obra almohade. Se levantó entre 1560 y 1562, y encima se añadieron otros cuerpos hasta la terraza de las azucenas. La pieza final fue la estatua de Bartolomé Morel que hoy conocemos como el Giraldillo.
Por eso la Giralda es dos torres en una: la base islámica, sobria y de ladrillo, y el remate renacentista, con balcones y campanas. En 1987 entró en la lista de Patrimonio de la Humanidad dentro del conjunto que forman la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, y de todo ese conjunto es la silueta que más se fotografía.

Treinta y cinco rampas y ningún escalón
La subida es lo más curioso de la visita. No hay escaleras: hay 35 rampas que giran alrededor de un núcleo central y te llevan hasta el cuerpo de campanas. Se sube bien, a ritmo tranquilo, y cada pocos tramos se abre una ventana que enseña otro trozo de ciudad: primero los tejados de Santa Cruz, luego el patio de los Naranjos, más tarde el río a lo lejos. A partir de la mitad, dejas de contar.
Arriba, desde el cuerpo de campanas, el panorama es completo: el patio de los Naranjos justo debajo, las cubiertas de la Catedral, el Alcázar, el laberinto de Santa Cruz, el Guadalquivir y, en días limpios, el Aljarafe en el horizonte. Las mejores fotos salen a primera hora, con la luz entrando de lado.
Lo que paga la torre: la entrada de la Catedral
La Giralda no tiene entrada propia: se visita con la de la entrada de la Catedral, y la visita empieza precisamente por la torre. Con las tarifas que el Cabildo aplica desde el 1 de enero de 2026, la general cuesta 13 € por internet y 14 € en taquilla; la reducida, 7 € y 8 €, para mayores de 65 años, estudiantes de hasta 25, personas con discapacidad entre el 33 % y el 65 % y adultos de familia numerosa. La audioguía cuesta 5 €, o 4 € en formato app.
No pagan los naturales o residentes de la diócesis, los menores de hasta 13 años acompañados, las personas con discapacidad desde el 65 % y los desempleados, siempre con acreditación. Y los domingos que no son festivo, entre las 16:30 y las 18:00, hay visita pública gratuita con aforo limitado.
El horario es de lunes a sábado de 10:45 a 19:00 y los domingos de 14:30 a 19:00; las taquillas cierran a las 18:00. Para Catedral y torre juntas, la estimación oficial es de unos 75 minutos. Todo está en la página de horarios y tarifas de la Catedral.
Tres cosas que mirar con atención
Primero, desde la calle, las fachadas almohades con su red de rombos: es lo que queda tal cual del siglo XII. Después, ya arriba, el cuerpo de campanas de Hernán Ruiz, con sus balcones abiertos a la ciudad. Y, al bajar, cuando estés en la Plaza de la Virgen de los Reyes, levanta la cabeza para localizar el Giraldillo: si sopla aire, verás que no siempre mira hacia el mismo lado.

La torre en familia
Con niños funciona muy bien: no hay escalones y contar las rampas se convierte en un juego, con la recompensa de las vistas al final. Los menores de hasta 13 años entran gratis con un adulto. Mejor hacerla al principio de la visita, cuando todavía tienen fuerzas, y dejar las capillas de la Catedral para después.
Alrededor de la torre
Al salir, todo queda a tiro de piedra. Al otro lado de la Plaza de la Virgen de los Reyes empieza el barrio de Santa Cruz, con el Hospital de los Venerables a cien metros. Frente a la Catedral, el Archivo de Indias, con entrada gratuita. Y por la Plaza del Triunfo, en dos minutos, el Real Alcázar. Si quieres hilar todos los monumentos del centro, nuestra guía de los monumentos de Sevilla te propone el orden.
Antes de subir: el patio de los Naranjos
La torre y el patio de los Naranjos son las dos piezas que sobrevivieron de la mezquita almohade, y conviene verlos juntos. El patio era el lugar de las abluciones antes de la oración; hoy conserva su fuente y sus filas de naranjos, y desde él se tiene una de las mejores vistas de la Giralda desde abajo, con el ladrillo almohade a un lado y el remate renacentista arriba. Al final de la visita, la salida por esta zona te deja ante la Puerta del Perdón, con sus yeserías renacentistas de 1522.
Dónde verla desde fuera
La Giralda se disfruta tanto desde dentro como desde la calle, y hay puntos que regalan perspectivas muy distintas. La Plaza de la Virgen de los Reyes, a sus pies, permite ver la torre entera de una vez. Desde el Patio de Banderas del Real Alcázar, la torre asoma tras los naranjos. Desde lo alto de las Setas de Sevilla, emerge sobre un mar de azoteas blancas. Y desde los callejones de Santa Cruz aparece de repente, al fondo de una calle estrecha, que es quizá la forma más sevillana de encontrarla.
Una torre que se lee de abajo arriba
La Giralda se entiende mejor si la miras como tres pisos de historia. Abajo, el gran fuste de ladrillo almohade, sobrio y macizo, con sus paños de rombos: es la obra de Ahmad ben Baso y Alí de Gomara, terminada a finales del siglo XII. En medio, el cuerpo de campanas de Hernán Ruiz, más abierto y decorado, con balcones y vanos, que transformó el alminar en campanario cristiano en el siglo XVI. Y arriba del todo, los cuerpos superiores rematados por la terraza de las azucenas y, en la cúspide, la figura de bronce de Bartolomé Morel. Cada piso habla un lenguaje distinto y, sin embargo, el conjunto funciona como si siempre hubiera sido así. Esa continuidad entre épocas que en otros lugares chocarían es, probablemente, lo que hace de la Giralda una torre única: no borra lo anterior, lo corona.
La torre en cifras
Algunos números ayudan a situarla. Las obras del alminar empezaron en 1184. La torre almohade alcanzaba unos 82 metros. Se sube por 35 rampas. El cuerpo de campanas de Hernán Ruiz se levantó entre 1560 y 1562, y el Giraldillo se colocó en 1568. En 1987 entró en la lista de Patrimonio de la Humanidad dentro del conjunto de la Catedral. Entre la primera piedra y la veleta pasaron casi cuatro siglos, y la torre lleva más de ocho en pie.
La veleta
Abajo, ladrillo almohade de 1184. Arriba, bronce de 1568 que gira con el viento. Entre una cosa y otra cabe casi toda la historia de Sevilla, y se sube en un rato. Cuando bajes la última rampa y salgas al sol del patio de los Naranjos, mira otra vez hacia arriba: la mujer de bronce seguirá ahí, cambiando de rumbo, como lleva haciendo más de cuatro siglos.
Preguntas frecuentes
La Giralda se visita con la entrada de la Catedral, que en 2026 cuesta 13 € por internet y 14 € en taquilla. La entrada reducida cuesta 7 € online y 8 € en taquilla.
No. La Giralda no tiene entrada propia: la visita a la Catedral empieza por la torre, con su propio control de acceso.
La Giralda tiene 35 rampas y no tiene escaleras. La pendiente es suave, así que la subida es cómoda para casi todo el mundo.
De lunes a sábado de 10:45 a 19:00 y los domingos de 14:30 a 19:00. Las taquillas cierran a las 18:00.
Sí. Los domingos, salvo festivos, hay visita pública gratuita de 16:30 a 18:00, con aforo limitado.
Por la estatua de bronce que la corona, que gira con el viento como una veleta. El nombre pasó de la estatua a toda la torre, y la estatua quedó como Giraldillo.
La parte inferior es el alminar almohade, iniciado en 1184. El cuerpo de campanas es renacentista, de 1560 a 1562, y el Giraldillo se colocó en 1568.
