Al salir del barrio de Santa Cruz por la Plaza de los Refinadores, el laberinto de callejones se abre de golpe. Delante tienes un paseo de albero a la sombra de ficus enormes, bancos de cerámica, fuentes que suenan bajito y, a un lado, el muro alto del Alcázar. Es el respiro que todo el mundo necesita después de una mañana de monumentos, y muchos lo descubren por casualidad.
Los Jardines de Murillo son uno de esos lugares de Sevilla que no salen en la lista de imprescindibles y, sin embargo, casi todo el mundo acaba recordando. Te cuento de dónde vienen, qué buscar en ellos y cómo aprovecharlos en tu ruta por el centro.
La antigua huerta del Alcázar
Hace poco más de un siglo, aquí no había un jardín público. Había trozos de muralla y la tapia de la huerta del Retiro, ligada al palacio del Alcázar. La ciudad crecía y necesitaba abrirse: el barrio de Santa Cruz estaba encerrado entre muros y apenas tenía salida hacia la Ronda Histórica.
En 1911, el rey Alfonso XIII cedió estos terrenos al Ayuntamiento, y ese mismo año se derribaron algunos tramos de muralla y la tapia de la huerta para crear una zona verde que comunicara el sureste del barrio de Santa Cruz con la Ronda. Fue una pequeña revolución urbana: por primera vez, el barrio tenía un pulmón verde a la puerta de casa.
Un camino que tardó años en abrirse
La idea de abrir este espacio no surgió de un día para otro. En 1904, Pedro de León y Manjón dibujó un plano con una vía que iba desde el inicio de la calle Mateos Gago hasta el Paseo de Catalina de Ribera. En 1909, el arquitecto Juan Talavera y Heredia volvió sobre la idea y defendió la oportunidad de abrir un camino que uniera la Plaza de Santa Cruz con la Plaza de los Refinadores. Hasta entonces, en esa zona solo había trozos de muralla y la tapia de una huerta.
Ese debate de principios del siglo XX explica la forma de los jardines: no son un parque cuadrado, sino una franja alargada que acompaña a la muralla del Alcázar y que nació, sobre todo, para comunicar. Por eso funcionan tan bien como paseo: te llevan de un sitio a otro mientras te ofrecen sombra, agua y un banco cada pocos metros.
Juan Talavera, el arquitecto que lo dibujó
El diseño de los jardines es obra del arquitecto sevillano Juan Talavera y Heredia, una de las figuras del regionalismo andaluz. Entre 1914 y 1915 trazó los paseos, las glorietas con bancos de cerámica y las fuentes, siguiendo el gusto regionalista que en esos años transformaba Sevilla de cara a la Exposición de 1929.
Talavera tuvo una idea curiosa: decoró los jardines con capiteles romanos y visigodos procedentes de la colección arqueológica municipal. Si te fijas, algunos asoman entre los setos y junto a los bancos, como piezas antiguas recolocadas en un jardín moderno. Es uno de esos detalles que hacen que pasear por aquí sea también un juego de búsqueda.
En 1918, los jardines recibieron su nombre actual en homenaje al pintor Bartolomé Esteban Murillo, uno de los grandes del barroco sevillano, enterrado en una iglesia cercana. Sus obras puedes verlas después en el Museo de Bellas Artes.
Bancos de azulejo, setos y sombra
Los Jardines de Murillo se recorren despacio. Los caminos de albero están flanqueados por setos bajos, y a cada pocos pasos aparece una glorieta con bancos de cerámica y una pequeña fuente. El estilo es el regionalista típico de principios del siglo XX: azulejos de colores, formas sencillas y mucha sombra.
Fíjate en la glorieta dedicada al pintor José García Ramos, decorada con azulejos desde 1923. Es una de las más bonitas y de las más fotografiadas. En general, los bancos y las fuentes están llenos de iconografía: escenas, escudos y motivos que merece la pena mirar de cerca.
La vegetación es parte del encanto. Hay naranjos, magnolios, ficus y árboles del amor, que dan frescor y color según la estación. En primavera, cuando florecen los árboles del amor y los naranjos, el jardín se llena de tonos rosados y de olor a azahar.
Las fuentes, por cierto, lucen hoy como hace un siglo: la principal y otras cuatro secundarias se restauraron en 2023 para recuperar su estética original de 1917.
Colón y Catalina de Ribera, en mitad del paseo
En el centro de los jardines se levanta el monumento a Cristóbal Colón, de 1921, con arquitectura de Juan Talavera y escultura de Coullaut Valera. Se restauró en diciembre de 2024 y es uno de los grandes puntos de referencia del paseo, visible desde varios rincones del jardín.
Junto a los jardines, en el contiguo Paseo de Catalina de Ribera, está el monumento a Catalina de Ribera, inaugurado también en 1921. Rinde homenaje a la fundadora del Hospital de las Cinco Llagas, el edificio que hoy alberga el Parlamento de Andalucía, junto a la Macarena. Combina elementos manieristas y renacentistas y tiene una fuente decorada con azulejos y relieves simbólicos. Es la misma Catalina de Ribera que, junto a su marido, Pedro Enríquez, compró en 1483 las casas que darían origen a la Casa de Pilatos.
Refinadores: donde los jardines se encuentran con Don Juan
En uno de los extremos de los jardines está la Plaza de los Refinadores, con palmeras y el monumento a Don Juan Tenorio, el personaje de Zorrilla que forma parte de la leyenda de Santa Cruz. Las palmeras que la rodean se plantaron en 1976.
Es la bisagra perfecta entre el jardín y el barrio: desde aquí, cualquier callejón te devuelve al laberinto de Santa Cruz, con el Hospital de los Venerables a pocos minutos. Si haces la ruta al revés, desde el barrio, es la salida natural hacia la luz y la sombra de los árboles.
Los azulejos que cuentan cosas
La glorieta de José García Ramos fue diseñada por Talavera y decorada con azulejos de diversos autores, y no es la única que merece una parada. Muchos bancos y fuentes de los jardines llevan escudos, escenas y motivos que hablan de la Sevilla de principios del siglo XX, la que se preparaba para la Exposición de 1929 con un estilo que miraba al pasado mudéjar y renacentista. Si te gustan estos detalles, recorre los jardines buscando los capiteles antiguos que Talavera colocó entre los setos y los azulejos de cada banco: es una de las formas más entretenidas de descubrir el lugar, y casi nadie lo hace.
La presencia de Don Juan aquí no es casual. Según la tradición, José Zorrilla se inspiró en la antigua Hostería del Laurel, en la cercana Plaza de los Venerables, para escribir el Don Juan Tenorio, y el personaje forma desde entonces parte de la memoria del barrio. Encontrarlo en bronce a la salida de los jardines es una forma de cerrar el círculo entre el jardín y la leyenda.
Cuándo sentarse aquí
Los jardines están abiertos de 8:00 a 22:00 en invierno y de 8:00 a 24:00 en verano, según la información turística oficial, y la entrada es libre.
El mejor momento depende de lo que busques. A primera hora, el jardín es de los vecinos y está casi vacío: es el momento de las fotos tranquilas. A media mañana se convierte en el lugar de descanso perfecto después del Alcázar o de la Catedral. En verano, aunque hay mucha sombra, conviene evitar las horas centrales: el calor de Sevilla se nota incluso aquí. Y al atardecer, con la luz dorada sobre la muralla, el paseo es especialmente bonito.
Si viajas con niños, los Jardines de Murillo son un buen lugar para un descanso: espacio para moverse, sombra y fuentes, sin coches.
Tres formas de llegar y una de seguir
Los jardines están entre la calle Nicolás Antonio, la Plaza de los Refinadores y los Jardines de Catalina de Ribera, pegados a la muralla del Alcázar. Puedes llegar desde tres direcciones:
- Desde Santa Cruz: sal del barrio por la Plaza de los Refinadores y estarás dentro.
- Desde el Alcázar y la Catedral: rodea la muralla del Alcázar hacia el sur y en pocos minutos llegas.
- Desde el Prado de San Sebastián: la parada de metro y tranvía queda a un paseo corto, por el Paseo de Catalina de Ribera.
Y para seguir, lo más natural es continuar hacia el sur: en unos 15 minutos estás en el Parque de María Luisa y la Plaza de España. Encadenar jardín, parque y plaza es uno de los paseos más bonitos que puedes hacer en Sevilla.
Tienes más rincones verdes en nuestra guía de los parques y jardines de Sevilla.
El descanso entre dos monumentos
Los Jardines de Murillo no compiten con la Giralda ni con el Alcázar, y no lo pretenden. Son otra cosa: el banco a la sombra, la fuente que suena, el azulejo que descubres sin buscarlo. Después de una mañana de colas y piedras, siéntate aquí diez minutos. Te darás cuenta de que también esto es Sevilla, y quizá lo que mejor recuerdes del día.
Datos revisados en octubre de 2026. El horario puede cambiar según la temporada: compruébalo antes de ir.
Preguntas frecuentes
Abren de 8:00 a 22:00 en invierno y de 8:00 a 24:00 en verano, según la información turística oficial. La entrada es libre.
Junto al barrio de Santa Cruz y la muralla del Alcázar, entre la calle Nicolás Antonio, la Plaza de los Refinadores y los Jardines de Catalina de Ribera.
En 1918 recibieron el nombre en homenaje al pintor Bartolomé Esteban Murillo, enterrado en una iglesia cercana.
El arquitecto sevillano Juan Talavera y Heredia, que trazó sus paseos, glorietas y fuentes entre 1914 y 1915.
Los bancos de cerámica, la glorieta de José García Ramos, el monumento a Cristóbal Colón, el monumento a Catalina de Ribera y la Plaza de los Refinadores con el monumento a Don Juan Tenorio.
Entre 20 y 40 minutos para recorrerlos con calma. Es un buen descanso entre el Alcázar, Santa Cruz y el Parque de María Luisa.
Sí. En esta zona estaba la huerta del Retiro, ligada al palacio. En 1911 Alfonso XIII cedió los terrenos al Ayuntamiento para crear un jardín público.