Museo de Bellas Artes de Sevilla: el Siglo de Oro en un convento

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Museo de Bellas Artes de Sevilla: el Siglo de Oro en un convento

En la Sevilla de 1835, muchos cuadros se quedaron sin pared. Eran los lienzos que colgaban en conventos y monasterios de la ciudad, encargados durante el Siglo de Oro a los mejores pintores del momento, y que de pronto no tenían dónde estar. Ese mismo año, en septiembre, se creó un museo para acogerlos. Se inauguró oficialmente en 1841, y lo hizo, como no podía ser de otro modo, dentro de un antiguo convento.

Así nació el Museo de Bellas Artes de Sevilla, que hoy se considera la segunda pinacoteca más relevante de España después del Prado. Y, aun así, es de las visitas que más gente se salta en la ciudad. Entrar cuesta 1,50 euros, y para los ciudadanos de la Unión Europea es gratis.

La Merced Calzada, convento y museo

La sede es el antiguo Convento de la Merced Calzada, en la Plaza del Museo, un edificio monumental que mezcla elementos renacentistas y barrocos. Conserva tres patios, la antigua iglesia conventual y una escalera principal monumental, y caminar por sus claustros entre una sala y otra forma parte de la experiencia tanto como los cuadros. Los patios marcan el ritmo del recorrido: entre sala y sala vuelves a salir a la luz y a los arcos, y esa pausa ayuda a no saturarse de pintura.

Hay algo muy coherente en ver esta pintura aquí. Muchas de estas obras se pensaron para espacios como este, con su luz tamizada, sus muros gruesos y su silencio. Contemplar un lienzo barroco religioso en un convento sevillano es una experiencia que ningún museo de otra ciudad puede reproducir.

La colección abarca obras desde el siglo XIII hasta el XX, repartidas en 14 salas organizadas de forma cronológica, e incluye pintura, escultura, obra gráfica y algunas piezas de cerámica. Pero su gran tesoro, y la razón por la que se habla de él como se habla, es la pintura barroca sevillana.

El orden cronológico juega a favor del visitante. Permite ver, sala a sala, cómo la pintura de la ciudad pasa de la Edad Media al Renacimiento, alcanza su momento de mayor esplendor en el barroco y se transforma después en los siglos XIX y XX. Si te gusta seguir hilos, es una forma muy clara de entender la evolución del arte a través de una sola ciudad.

Murillo en casa

Bartolomé Esteban Murillo es el gran protagonista del museo. Entre sus obras destaca la Virgen de la Servilleta, una de las pinturas más queridas de la colección. Ver a Murillo en su ciudad, dentro de un convento como aquellos para los que trabajaba, tiene algo de reencuentro.

Lo mejor es detenerse sin mirar el reloj. Primero desde lejos, para entender la escena y ver hacia dónde se dirigen las miradas. Después de cerca, para fijarse en las manos, en los rostros y en cómo la luz va modelando cada figura. En la pintura barroca sevillana la luz suele ser la clave: ilumina lo importante y deja en penumbra lo demás.

El blanco de Zurbarán

Unas salas más allá espera Francisco de Zurbarán, con obras como San Hugo en el refectorio. Es una escena de monjes cartujos sentados a la mesa, como los que habitaron durante siglos el monasterio de la Cartuja que hoy ocupa el CAAC, y resume muy bien su forma de pintar: silencio, hábitos de un blanco luminoso y una sobriedad que impresiona.

Claustro del Museo de Bellas Artes de Sevilla, antiguo convento de la Merced, con arcos, fachadas en rojo almagra y jardín de setos

Fíjate en cómo resuelve los tejidos y los objetos que hay sobre la mesa. Zurbarán consigue que un mantel o un plato tengan casi tanta presencia como los personajes, y esa atención a lo pequeño es una de las cosas que hacen que sus cuadros se queden en la memoria.

Valdés Leal, Herrera y los demás maestros

Juan de Valdés Leal aporta el lado más dramático y expresivo del barroco sevillano. Es el mismo pintor que firmó los murales de la iglesia del Hospital de los Venerables, y verlo aquí y después allí ayuda a entender su forma de trabajar. Junto a él, Francisco de Herrera el Viejo completa el retrato de una generación que convirtió a Sevilla en uno de los grandes centros artísticos de Europa.

El museo reúne también obras de otros grandes nombres, como Velázquez o El Greco, de quien se expone el Retrato de Jorge Manuel, su hijo. Entre las piezas destacadas figura además un San Jerónimo penitente. Las últimas salas recorren los siglos XIX y XX, con retratos, paisajes y escenas costumbristas, y sirven para ver cómo siguió evolucionando el arte sevillano después del Siglo de Oro.

Precio simbólico, horario amplio

Según la web oficial de los museos de la Junta de Andalucía, el horario general es de martes a sábado de 9:00 a 21:00 y de domingos y festivos de 9:00 a 15:00. En agosto cambia: de martes a domingo y festivos, de 9:00 a 15:00. Los lunes está cerrado, salvo los lunes víspera de festivo, que abre con horario de festivo, y también cierra el 1 y el 6 de enero, el 1 de mayo y el 24, el 25 y el 31 de diciembre.

La entrada cuesta 1,50 euros. Es gratuita para ciudadanos de la Unión Europea acreditados y para miembros del ICOM, así que si eres europeo lleva tu documentación. Que un museo de este nivel cueste poco más que un café es casi una anomalía, y una buena noticia para cualquier presupuesto. Además, entra gratis todo el mundo el 28 de febrero, el 18 de mayo, el 27 de septiembre, el 4 de diciembre y durante las Jornadas Europeas del Patrimonio. Si tu viaje coincide con alguna de esas fechas, aprovéchala, aunque cuenta con que puede haber más visitantes de lo habitual.

Las últimas entradas se venden 45 minutos antes del cierre, si el aforo lo permite, y el acceso a las salas se cierra media hora antes. Cualquier cambio aparece en la página de información del Museo de Bellas Artes.

Una hora y media bien repartida

Calcula al menos hora y media para recorrer las salas principales con calma y disfrutar del edificio. Si vas con el tiempo justo, céntrate en las salas del barroco sevillano, que se reparten en torno al antiguo claustro, y en la iglesia del convento. Para tener información de cada obra, la app gratuita EspaciosCultur@ ofrece fichas detalladas y recorridos, y conviene descargarla antes de ir.

Un orden que funciona bien: empieza por el patio de entrada, sube por la escalera monumental, recorre las salas en orden cronológico y deja para el final la antigua iglesia, donde el barroco sevillano luce en su contexto original. Y no intentes verlo todo. Es mejor detenerse de verdad ante diez obras que pasar de largo ante cien.

Estatua de Bartolomé Esteban Murillo en la Plaza del Museo de Sevilla, frente al Museo de Bellas Artes

El museo está en la Plaza del Museo, a unos diez minutos andando de la Plaza Nueva y a unos quince de la Catedral. La parada de tranvía más cercana es la de Plaza Nueva. La plaza es tranquila, con árboles y bancos, un buen sitio para sentarse un rato antes o después de la visita.

Un día de Siglo de Oro

El Bellas Artes es el punto de partida natural para una ruta por el barroco de Sevilla. Empieza aquí con Murillo, Zurbarán y Valdés Leal. Sigue después hasta la iglesia del Salvador, con su retablo desbordante y las imágenes de Martínez Montañés y Juan de Mesa. Y termina en el Hospital de los Venerables, donde Valdés Leal pintó los murales de la iglesia y donde se expone la Santa Rufina de Velázquez.

Al final del día habrás recorrido buena parte de lo mejor del Siglo de Oro en la ciudad donde trabajaron muchos de sus grandes nombres. Es un plan especialmente bueno para quien repite Sevilla y ya conoce los monumentos principales.

Cuadros para ojos pequeños

Un museo de pintura antigua puede parecer poco atractivo para los niños, pero con algo de juego funciona: buscar animales, objetos o colores en los cuadros, o adivinar qué está pasando en cada escena. Al ser una entrada tan barata, o gratuita, se puede plantear como una visita corta, centrada en unas pocas obras y en los patios del convento, sin la presión de amortizarla.

Para los adultos, es una visita obligada si te interesa la pintura o quieres entender el Siglo de Oro. Si el arte antiguo no es lo tuyo y tu tiempo en Sevilla es muy limitado, prioriza la Catedral y el Alcázar. Pero si te queda una tarde libre, pocas cosas en la ciudad ofrecen tanto por tan poco.

El Siglo de Oro en un convento

El Museo de Bellas Artes es el lugar donde Sevilla guarda su memoria artística. Cruza el claustro, sube la escalera, detente frente a la Virgen de la Servilleta y deja que el silencio del antiguo convento haga el resto. Al salir a la Plaza del Museo entenderás por qué, durante un siglo, esta ciudad fue una de las capitales del arte en Europa.

El resto de colecciones de la ciudad, y cómo combinarlas, están en nuestra guía de los museos de Sevilla.

Preguntas frecuentes

La entrada cuesta 1,50 €. Es gratuita para ciudadanos de la Unión Europea acreditados y miembros del ICOM, y para todos en días señalados.

De martes a sábado de 9:00 a 21:00 y domingos y festivos de 9:00 a 15:00. En agosto abre de martes a domingo de 9:00 a 15:00. Los lunes cierra.

La Virgen de la Servilleta de Murillo, San Hugo en el refectorio de Zurbarán, el Retrato de Jorge Manuel de El Greco y las salas del barroco sevillano con Valdés Leal.

El 28 de febrero, el 18 de mayo, el 27 de septiembre, el 4 de diciembre y durante las Jornadas Europeas del Patrimonio.

En la Plaza del Museo, 9, en el antiguo Convento de la Merced Calzada, en el centro de Sevilla.

Al menos una hora y media para las salas principales y los patios del convento.

Se creó en septiembre de 1835 y se inauguró oficialmente en 1841.

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Equipo editorial de Cosas de Sevilla.