En 1681, una Real Cédula de Carlos II autorizó a la Universidad de Mareantes, el gremio de los hombres de la mar de Sevilla, a levantar un colegio para los huérfanos de sus miembros. Allí se formarían como pilotos y marineros, bajo la protección de San Telmo, patrón de los navegantes. Aquel colegio fue después palacio de unos duques, seminario y, hoy, sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Y se puede visitar por dentro, gratis, si uno sabe cómo.
El Palacio de San Telmo está en la Avenida de Roma, entre la Torre del Oro y el Parque de María Luisa. Mucha gente pasa por delante de su portada camino de la Plaza de España; muy pocos reservan la visita. Aquí va cómo hacerlo y qué se ve dentro.

Un colegio para los huérfanos del mar
En el siglo XVII, Sevilla era el puerto de las Indias, y el gremio de mareantes quiso asegurar el futuro de los hijos de quienes no volvían del mar. El edificio se levantó fuera de las murallas, frente a la Puerta de Jerez, y su construcción fue lenta: hubo años de obras paradas por falta de dinero.
En 1722 se hizo cargo del edificio Leonardo de Figueroa, el arquitecto que también terminó la iglesia del Salvador. A su muerte continuó su hijo Matías, y la portada principal se terminó en 1734. Es una de las grandes obras del barroco sevillano: columnas, balcones, esculturas y una decoración desbordante que anuncia la función del edificio, un homenaje a la navegación.
La corte sevillana de los Montpensier
Con el declive del comercio con América y la marcha de la Casa de Contratación a Cádiz, el colegio perdió su sentido. En 1849 compraron el edificio los duques de Montpensier, Antonio de Orleans y la infanta Luisa Fernanda, hermana de Isabel II. Lo convirtieron en su palacio y en una pequeña corte en Sevilla, con fiestas, colecciones de arte y unos jardines inmensos que llegaban hasta donde hoy está la Plaza de España.
De esos jardines nace el parque más querido de la ciudad. En 1893, la infanta María Luisa, ya viuda, cedió buena parte de ellos a Sevilla, y así surgió el Parque de María Luisa, que lleva su nombre.

De seminario a sede del Gobierno andaluz
A principios del siglo XX, la infanta legó el palacio a la Iglesia, que instaló aquí el seminario de Sevilla durante buena parte del siglo. Tras la salida de los seminaristas, el edificio pasó a la Junta de Andalucía, que lo convirtió en sede de la Presidencia a raíz de un convenio firmado en 1989, por el que la Junta construyó a cambio un nuevo seminario. La última gran reforma, obra del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, se hizo entre 2005 y 2010. Por eso hoy conviven estancias protocolarias de uso diario con espacios históricos abiertos a la visita.
Doce sevillanos en la cornisa
Antes de entrar, dedica unos minutos al exterior. La portada principal, en la Avenida de Roma, luce mejor por la mañana, cuando el sol la ilumina de lado y resalta los relieves; fíjate en cómo cada piso añade más decoración que el anterior hasta rematar en la imagen del santo. Después rodea el edificio hasta la fachada de la Avenida de Palos de la Frontera: en lo alto hay una fila de doce estatuas de sevillanos ilustres, obra del escultor Antonio Susillo, terminadas en 1895. Intenta reconocer entre ellos a Velázquez, a Martínez Montañés o a Miguel de Mañara.
Patios, capilla y una parra de Carmen Laffón
La visita guiada recorre los espacios históricos: patios, escaleras, salones de representación y la capilla barroca, que conserva la decoración del antiguo colegio de navegantes. El guía va contando cómo cada etapa, escuela, palacio, seminario y gobierno, ha dejado su huella, y es una forma muy amena de entender dos siglos de historia de Sevilla en un solo recorrido.
Del edificio original destacan el patio principal, obra de Leonardo de Figueroa, y la capilla, con cinco retablos del siglo XVIII; el mayor, presidido por la Virgen del Buen Aire, se hizo entre 1723 y 1726. Al entrar, levanta la vista en el zaguán: el techo lo pintó Carmen Laffón con su «Parra en otoño», un guiño contemporáneo en un edificio barroco.
Ten en cuenta que es un edificio institucional en uso. La Junta puede cerrar salas o anular visitas si hay actos oficiales, y el recorrido puede variar de un día a otro.

Cómo conseguir plaza
Las visitas son guiadas, gratuitas, en grupo y solo con reserva previa. Duran en torno a hora y media. Según la web oficial de la Junta de Andalucía, el proceso es este:
- Regístrate en la plataforma de reservas San Telmo Abierto.
- Elige fecha y hora entre los pases disponibles. Cambian según la demanda, así que conviene mirar el calendario con antelación.
- Aporta los datos de cada visitante: nombre, correo, teléfono y DNI, pasaporte o tarjeta de residente. Para los menores se pide el documento del adulto que los acompaña.
- Llega con antelación y con la documentación original.
No se puede entrar con maletas, no hay consigna y algunas salas no se pueden recorrer con tacones de aguja. Si tienes dudas, la Junta atiende en el teléfono 955 001 010 en horario de oficina. Todos los detalles y el enlace a la plataforma están en la página oficial de visitas al Palacio de San Telmo. En primavera las plazas se agotan antes.
Si no consigues plaza
No todos los viajes tienen fechas flexibles. Si te quedas sin visita, San Telmo sigue mereciendo diez minutos: la portada, la fachada de las estatuas y, sobre todo, los jardines que separan el palacio del parque. Son el último resto de los grandes jardines de los Montpensier que siguen junto al edificio, y la forma más agradable de llegar a la Plaza de España: con sombra, sin tráfico y con la torre del palacio asomando entre los árboles. Un trayecto de paso convertido en parte de la visita.
Entre el río y el parque
San Telmo está en la Avenida de Roma, en la esquina con la Avenida de Palos de la Frontera, junto al Hotel Alfonso XIII, construido para la Exposición de 1929. Desde la Catedral son unos diez minutos a pie bajando por la Avenida de la Constitución hasta la Puerta de Jerez, donde paran el metro y el tranvía.
Su posición es perfecta para encadenar visitas: la Torre del Oro queda a cinco minutos hacia el río; la Plaza de España, a unos diez atravesando los jardines; y al lado, la antigua Fábrica de Tabacos, hoy Universidad. Para unirlo todo en una ruta, nuestra guía de los monumentos de Sevilla lo organiza por zonas.
Por su sistema de reservas y la rigidez de horarios, encaja mejor en viajes de tres días o más que en una escapada exprés.
El rastro de Leonardo de Figueroa
San Telmo es una buena excusa para seguir a uno de los grandes arquitectos de la ciudad. Leonardo de Figueroa aparece de joven entre los albañiles del Hospital de los Venerables, a finales del siglo XVII; después terminó la iglesia del Salvador y su cúpula; y en 1722 se hizo cargo de San Telmo, cuya portada acabaría su hijo Matías en 1734. Recorrer esas tres obras en un mismo día es asistir a la carrera de un artista que pasó de colocar ladrillos a firmar algunos de los edificios más reconocibles del barroco sevillano.
Una portada que cuenta una historia
Mirada con calma, la portada principal es casi un manifiesto. Fue pensada para un colegio de navegantes y lo anuncia sin disimulo: columnas, balcones y esculturas que rinden homenaje a la navegación y que culminan en la imagen de San Telmo, el patrón de los marineros. Cada piso añade más ornamento que el anterior, hasta convertir la fachada en una especie de retablo de piedra a la vista de la calle. Es la mejor síntesis de lo que fue el edificio en su primera vida, antes de los duques, el seminario y el gobierno.
La Sevilla de 1929, en la acera de enfrente
Al salir, mira el entorno. En la acera de enfrente está el Hotel Alfonso XIII, construido para la Exposición Iberoamericana de 1929; muy cerca, la antigua Fábrica de Tabacos, hoy sede de la Universidad. A pocos pasos se mezclan así el barroco del siglo XVIII, el regionalismo de la Exposición y la arquitectura industrial que hizo famosa a la Carmen de la ópera. Pocos cruces de Sevilla resumen tantas épocas en tan poco espacio.
Es, en definitiva, una visita que se planifica, pero que recompensa la previsión con creces.
De quién fueron los jardines
San Telmo es la prueba de que en Sevilla los mejores secretos están a la vista. Si reservas, entrarás en un edificio que fue escuela de navegantes, corte de unos duques y seminario antes de ser gobierno. Y cuando cruces después los jardines hacia la Plaza de España, sabrás de quién fueron y por qué el parque lleva hoy el nombre de una infanta.
Preguntas frecuentes
Sí, con visitas guiadas gratuitas que hay que reservar en la plataforma San Telmo Abierto de la Junta de Andalucía. Sin reserva no se puede entrar.
Nada. Las visitas guiadas son gratuitas, pero requieren reserva previa y documentación de identidad de cada visitante.
En torno a hora y media, en grupo y con un guía experto. La duración y el recorrido pueden variar según la demanda y los actos oficiales.
Es la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Nació como colegio para huérfanos de marineros, fue palacio de los duques de Montpensier y después seminario.
DNI, pasaporte o tarjeta de residente, con los mismos datos que diste en la reserva. Para los menores se pide el documento del adulto que los acompaña.
El parque nació de los jardines del palacio, que la infanta María Luisa cedió a la ciudad en 1893. Por eso lleva su nombre.
No. No se permiten maletas y no hay consigna, así que conviene ir sin equipaje.
