Palacio de Lebrija: la casa de los mosaicos romanos en el centro

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Palacio de Lebrija: la casa de los mosaicos romanos en el centro

El Marqués de Lozoya, historiador del arte y director general de Bellas Artes, lo resumió en una frase que se ha repetido desde entonces: «el palacio mejor pavimentado de Europa». No exageraba. En una casa de la calle Cuna, a cinco minutos de las Setas, hay unos 580 metros cuadrados de mosaicos romanos cubriendo suelos y paredes. Por delante del portalón pasa mucha gente que no sospecha que, unos metros más allá, el suelo tiene casi dos mil años.

El Palacio de Lebrija alberga, según la propia casa, la colección particular de mosaicos romanos más importante del mundo. Es una visita de una hora, en pleno centro, y una de las más singulares de Sevilla.

Una casa sevillana con suelo romano

Desde fuera parece otra casa señorial del centro, de las muchas que tiene la ciudad. La sorpresa empieza al cruzar el zaguán. El palacio se conoce como la casa de la Condesa de Lebrija, la coleccionista que reunió buena parte de este legado, y hoy se mantiene abierto al público como casa museo.

A los mosaicos se suma una colección arqueológica muy variada, con vasos, ánforas, columnas, vasijas y esculturas de la Antigüedad, y en las salas de la casa, obras que van desde piezas griegas y romanas hasta pintura moderna, con nombres como Joaquín Sorolla.

El patio: mirar hacia abajo

El patio es el lugar que todo el mundo recuerda. Combina la arquitectura típica de una casa sevillana, con galerías, arcos y zócalos de azulejo, con un enorme mosaico romano en el suelo. A su alrededor se reparten columnas, capiteles, ánforas y esculturas. Lo primero que conviene hacer es lo menos intuitivo: dejar de mirar las paredes y bajar la vista. Recorre el patio despacio, fijándote en las escenas del mosaico, y te darás cuenta de que estás caminando junto a una obra de arte.

Mosaico romano geométrico de colores en el yacimiento de Itálica, de donde proceden muchos de los mosaicos del Palacio de Lebrija

Cómo se lee un mosaico

Para disfrutar la visita ayuda saber qué se está mirando. Un mosaico romano está hecho de miles de pequeñas piezas de piedra, cerámica o vidrio, las teselas, colocadas una a una para formar dibujos. Fíjate primero en la composición general: suele haber una escena o una figura central rodeada de bandas decorativas, las cenefas. Después acércate a los detalles: cómo se consiguen las sombras con teselas de distintos tonos, cómo se dibujan los ojos de una figura o los pliegues de una túnica. Es un trabajo de una paciencia extraordinaria, hecho hace casi dos mil años y conservado bajo un techo sevillano.

Las salas de la planta baja

Alrededor del patio se abren varias salas con más mosaicos en el suelo, vitrinas con objetos arqueológicos y una decoración que mezcla azulejería, yeserías y artesonados. La gracia de la visita está en esa mezcla: ver cómo una familia sevillana integró restos romanos en su vida diaria, convirtiendo la casa en un museo sin dejar de ser una casa. Los mosaicos son piezas delicadas, así que hay que respetar las zonas acotadas.

Arriba, la vida de la familia

La planta superior muestra la parte residencial: salones, muebles, pinturas y objetos de la familia. Es la zona que mejor permite imaginar cómo se vivía aquí. Ten en cuenta que el pase gratuito de los viernes solo incluye la planta baja.

Mosaico de la Casa de los Pájaros en Itálica, con aves en recuadros de teselas de colores, el tipo de mosaico romano que decora el Palacio de Lebrija

Viernes a las diez, sin pagar

El palacio ofrece un pase gratuito los viernes a las 10:00, sin reserva, con aforo limitado y solo para la planta baja, que es donde están el patio y buena parte de los mosaicos. No se admiten grupos. Si te interesa, llega un poco antes de las diez y quédate cerca de la puerta. Si después quieres ver la planta alta, tendrás que comprar la entrada normal.

Horarios y precios

Según la web oficial, de septiembre a junio abre todos los días de 10:00 a 18:00; en julio y agosto, solo por la mañana, así que conviene comprobar la hora exacta de cierre en esos meses. El último pase es 45 minutos antes del cierre. Los adultos pagan 15 €; los niños de 6 a 12 años, 6 €; los grupos de más de 15 personas, 11 € por persona. Las entradas se compran en la página de visita cultural del Palacio de Lebrija. Calcula alrededor de una hora.

Lebrija, Pilatos o Las Dueñas

Sevilla tiene varios palacios abiertos al público y es normal dudar. Cada uno tiene su carácter. La Casa de Pilatos es el más monumental, con un gran patio y miles de azulejos del siglo XVI. El Palacio de las Dueñas es el más íntimo, con jardines y la memoria de Antonio Machado. El Real Alcázar juega en otra liga. Y Lebrija es el más arqueológico: aquí lo excepcional no está en las paredes, sino en el suelo. Si te interesa la Antigüedad, este es el tuyo. Los tres están a menos de quince minutos andando entre sí.

La calle Cuna y alrededores

El palacio está en la calle Cuna, una de las calles comerciales paralelas a Sierpes, a medio camino entre la Plaza del Salvador y las Setas. Desde la Catedral son unos diez o doce minutos a pie; desde la iglesia del Salvador, menos de cinco. La parada de tranvía de Plaza Nueva queda a unos ocho minutos andando.

Un plan que funciona: el Salvador a media mañana, Lebrija justo después y paseo hasta las Setas para comer por la Plaza de la Encarnación. Bajo las Setas, el Antiquarium enseña casas romanas excavadas en la propia ciudad, el complemento perfecto de esta colección. Por la tarde, Las Dueñas o Pilatos, y el atardecer en el mirador. Todos los monumentos del centro, en orden, están en nuestra guía de los monumentos de Sevilla.

Con niños, la visita tiene algo de juego: buscar animales y personajes en los mosaicos, contar ánforas, imaginar cómo eran las casas romanas. Eso sí, nada de correr por las salas.

Los mosaicos y la Sevilla romana

Lebrija es una de las mejores puertas de entrada a la Sevilla romana, una ciudad que apenas se ve en la superficie porque se ha ido construyendo encima, siglo tras siglo. Para completar la experiencia, combínalo con el Antiquarium, bajo las Setas, donde se recorren sobre pasarelas casas romanas con sus mosaicos, unos baños y restos almohades. Y si tienes medio día libre, la gran ciudad romana de Itálica, en Santiponce, a las afueras de Sevilla, es la excursión natural para quien se queda con ganas de más. Entre los tres lugares tendrás una imagen bastante completa de lo que fue la Hispalis romana y su entorno.

Una hora bien repartida

El palacio se ve en alrededor de una hora, y conviene repartirla bien. Dedica el primer cuarto de hora al patio, mirando el gran mosaico desde distintos puntos de las galerías. Después recorre las salas de la planta baja, con sus mosaicos, sus vitrinas y su decoración de azulejos, yeserías y artesonados. Y deja el último tramo para la planta alta, si tu entrada la incluye, donde la casa enseña su lado más doméstico. Con ese orden saldrás habiendo visto lo esencial sin la sensación de haber corrido.

Lo que hay además de los mosaicos

Aunque los mosaicos se llevan toda la atención, el palacio guarda mucho más. Las vitrinas reúnen vasos, ánforas y piezas arqueológicas; los salones combinan azulejería sevillana, yeserías y techos de madera; y en las paredes conviven obras de épocas muy distintas, desde piezas griegas y romanas hasta pintura moderna. Esa mezcla es justamente lo que lo diferencia de un museo arqueológico convencional: aquí la arqueología forma parte de una casa con historia propia.

Detalles para disfrutarlo más

Algunas ideas sencillas cambian la visita. La primera, ya dicha, es mirar al suelo: mucha gente recorre las salas mirando las paredes y se pierde los mosaicos. La segunda, ir a primera hora de la mañana, cuando el patio está tranquilo y la luz permite apreciar mejor los colores de las teselas. La tercera, tener en cuenta el calendario: los viernes a las diez hay pase gratuito a la planta baja, y en julio y agosto el palacio abre solo por la mañana, así que no conviene dejarlo para la tarde. Y la última, combinarlo con lo que tiene alrededor: el Salvador y las Setas están a pocos minutos, y juntos forman una de las mañanas más completas del centro.

Un apunte más para quien viaje con interés por la arqueología: lleva la cámara preparada para fotografiar el suelo desde arriba, con el objetivo paralelo al mosaico. Es la única manera de que las figuras no se deformen en la foto, y te llevarás un recuerdo que pocos visitantes se molestan en conseguir.

Son detalles pequeños, pero marcan la diferencia entre pasar por el palacio y entenderlo de verdad.

Mucho antes que la Giralda

El Palacio de Lebrija cambia la manera de mirar Sevilla. Después de visitarlo, cada portalón del centro despierta la misma pregunta: qué habrá detrás. Entra, baja la vista y deja que los mosaicos cuenten que, mucho antes de que se levantara la Giralda, aquí ya había una ciudad romana con casas como estas.

Preguntas frecuentes

La entrada cuesta 15 € para adultos y 6 € para niños de 6 a 12 años. Los grupos de más de 15 personas pagan 11 € por persona.

Sí. Los viernes a las 10:00 hay un pase gratuito a la planta baja, sin reserva y con aforo limitado. No se admiten grupos.

De septiembre a junio abre todos los días de 10:00 a 18:00. En julio y agosto abre solo por la mañana. El último pase es 45 minutos antes del cierre.

Sus mosaicos romanos: unos 580 metros cuadrados en suelos y paredes, que lo convierten, según la propia casa, en la colección particular más importante del mundo.

En la calle Cuna, en el centro de Sevilla, entre la Plaza del Salvador y las Setas.

Alrededor de una hora para la planta baja y la planta alta.

Porque así lo definió el Marqués de Lozoya, director general de Bellas Artes, por la cantidad de mosaicos romanos que cubren sus suelos.

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Equipo editorial de Cosas de Sevilla.