Barrio de Triana: qué ver en la otra orilla del Guadalquivir

Por admin11 min de lectura
Actualizado el
Barrio de Triana: qué ver en la otra orilla del Guadalquivir

Cuenta la tradición que, a finales del siglo XVII, un gitano de Triana al que llamaban el Cachorro murió apuñalado en plena calle, y que el escultor Francisco Antonio Ruiz Gijón, que buscaba el rostro de un Cristo en el momento de expirar, se fijó en aquel hombre en su agonía. Sea leyenda o no, la imagen que terminó en 1682 se quedó con el apodo del gitano. Hoy el Cristo de la Expiración, al que todo el mundo conoce como el Cachorro, sigue en la capilla del Patrocinio, al final de la calle Castilla, y cada Viernes Santo cruza el puente camino de la Catedral.

Esa historia dice mucho del barrio de Triana, donde la devoción, el oficio y la calle se mezclan sin que nadie lo note. Se suele decir que, si preguntas a un trianero de dónde es, te contestará «de Triana» antes que «de Sevilla». Es una forma de hablar, pero también una forma de ser, y se entiende en cuanto cruzas el río.

Calle del barrio de Triana con casas encaladas, rejas en las ventanas y macetas de geranios rojos en la pared

Un barrio al que se llegaba en barca

Durante casi siete siglos, pasar de Sevilla a Triana significaba subirse a un puente de barcas. Lo construyeron los almohades en 1171: una hilera de embarcaciones amarradas entre sí, con un tablero encima, que subía y bajaba con el río. Estuvo en uso hasta mediados del siglo XIX. Esa frontera de agua hizo que Triana creciera a su manera, con sus propios oficios y su propia gente: marineros, alfareros, artesanos y, con el tiempo, cantaores.

En 1852 se inauguró el Puente de Isabel II, que casi nadie llama así: para todos es el Puente de Triana. Es el puente de hierro más antiguo que se conserva en España y se inspiró en el parisino Puente del Carrusel. Crúzalo andando aunque vayas justo de tiempo. Desde la Catedral son unos 15 minutos a pie, y a mitad de camino tienes el Guadalquivir abierto a los dos lados, con la Torre del Oro río abajo. La historia completa del puente está en nuestra guía del Puente de Triana.

Sobre el nombre del barrio hay varias explicaciones. Una de las más repetidas lo relaciona con el emperador Trajano, nacido muy cerca de aquí, en Itálica; otras lo hacen venir de raíces latinas o árabes distintas. Ninguna está del todo cerrada, y en Triana tampoco parece preocupar demasiado.

El Altozano, la puerta del barrio

Al bajar del puente te recibe la capillita del Carmen, una pequeña capilla de ladrillo y azulejo obra de Aníbal González, el arquitecto de la Plaza de España. Los sevillanos la llaman «el mechero» por su forma, y en cuanto la ves entiendes el mote. Detrás se abre la Plaza del Altozano, que hace de umbral: a un lado arranca la calle San Jacinto, al otro queda el río, y de frente salen las calles que llevan al interior del barrio.

La calle San Jacinto es peatonal y está llena de comercios y bares. Es la calle por la que pasa todo el mundo, la de los recados del día y los encuentros a media mañana. Dale un paseo de ida y vuelta, mirando los escaparates y las fachadas, y fíjate en cómo cambia el ambiente según la hora.

Lo que esconde el mercado

Junto al Altozano está el Mercado de Triana, un mercado de abastos de los de toda la vida, con puestos de fruta, pescado y carne y, entre ellos, barras donde se come de pie. A mediodía se llena de vecinos que hacen la compra y se quedan a tomar algo, y es uno de los mejores sitios del barrio para comer rodeado de gente de aquí.

Puesto de frutas y verduras con rótulo de azulejos dentro del Mercado de Triana, en Sevilla

Lo curioso es lo que hay debajo. El mercado se levanta sobre los restos del Castillo de San Jorge, una fortaleza almohade que durante más de 300 años fue sede del Tribunal de la Inquisición en Sevilla. Su espacio arqueológico y centro de interpretación está cerrado en la actualidad; según Visita Sevilla, solo el vestíbulo del edificio funciona como oficina de turismo, de lunes a domingo de 9:30 a 14:30. Así que no vayas con la idea de visitarlo por dentro. Lo que sí puedes hacer es bajar por el Callejón de la Inquisición, que desciende junto al mercado hasta la orilla y conserva en su nombre el recuerdo de aquella época.

Barro, hornos y azulejos

Si hay un oficio que define Triana es la cerámica. Durante siglos, el barrio fue el gran centro alfarero de Sevilla, y buena parte de los azulejos que hoy admiras en el Alcázar, la Casa de Pilatos o la Plaza de España salieron de sus talleres. Los alfares se agrupaban en torno a calles como Alfarería o Antillano Campos, donde todavía quedan tiendas y talleres de cerámica.

La mejor forma de entenderlo es entrar en el Centro Cerámica Triana, instalado en una antigua fábrica de loza que conserva sus hornos originales. Es una visita corta y muy visual, que funciona bien también si vas con niños. Al salir, camina por las calles de los alfares con otros ojos: muchas fachadas están revestidas de azulejo, y los paneles de las esquinas, con santos, vírgenes o nombres de calles, son pequeñas piezas del mismo oficio que ves en los grandes monumentos.

Cúpula de azulejos y torre de ladrillo de la Capilla del Carmen, junto al Puente de Triana, obra de Aníbal González

Santa Ana, la catedral de Triana

A pocos minutos del mercado está la iglesia de Santa Ana, a la que en el barrio llaman con cariño «la catedral de Triana». La mandó levantar Alfonso X en el siglo XIII y es una de las iglesias más antiguas de Sevilla. Para muchos trianeros es el centro simbólico del barrio, el lugar donde se bautizaron y se casaron generaciones enteras de vecinos.

Su santa da nombre, además, a la gran fiesta de Triana. La Velá de Santiago y Santa Ana se celebra en julio y llena la orilla del río de casetas, música y gente durante varios días. Uno de sus momentos más esperados es la cucaña: un palo untado de grasa que sale en horizontal sobre el Guadalquivir, por el que los participantes intentan avanzar hasta alcanzar una bandera antes de acabar en el agua.

La orilla de los colores

La calle Betis es la cara de Triana que mira al centro: casas de colores, terrazas sobre el río y, enfrente, la Torre del Oro y la Giralda. Fue zona portuaria, de embarcaderos y almacenes, y hoy es el paseo al que todo el mundo acaba yendo cuando cae la tarde. Si te gusta la fotografía, mírala también desde la otra orilla, porque la imagen más conocida de la calle es la que se ve desde enfrente. Tienes su historia, incluida la placa que recuerda a los padres de Antonio Machado, en nuestra guía de la calle Betis.

Marineros, cofradías y cante

Triana mira al río también en sus devociones. En la calle Pureza, paralela a la orilla, está la Capilla de los Marineros, casa de la Esperanza de Triana, una de las imágenes más queridas del barrio y de toda la Semana Santa sevillana. El nombre de la capilla ya lo dice: la gente del río y del mar sostuvo durante siglos la vida de este lado. La navegación y el comercio con América dejaron huella en el barrio, y hasta uno de los marineros del primer viaje de Colón, al que se atribuye haber gritado «¡tierra!» en 1492, pasó a la historia como Rodrigo de Triana.

En Semana Santa, el barrio vive con especial intensidad la salida y la vuelta de sus cofradías por el puente. La Esperanza de Triana sale en la Madrugada y el Cachorro, la tarde del Viernes Santo, y en ambos casos la orilla se llena de gente que espera para verlos cruzar el río. Fuera de esas fechas, el flamenco sigue presente en bares, peñas y fiestas: Triana es uno de los grandes focos del cante en Sevilla, y esa tradición forma parte de su carácter tanto como la cerámica.

Un recorrido de punta a punta

Para ver lo principal en unas tres horas, con paradas, este orden funciona bien. Empieza cruzando el Puente de Triana desde el centro y pasa junto al «mechero» en el Altozano. Entra en el Mercado de Triana, da una vuelta por los puestos y toma algo en una barra. Baja después por el Callejón de la Inquisición hasta el río y sigue por la calle Pureza hasta la Capilla de los Marineros. Desde ahí, acércate a Santa Ana y continúa hacia el Centro Cerámica Triana y las calles de los alfares. Vuelve por San Jacinto y deja para el final la calle Betis, cuando el sol empieza a bajar.

Si te quedan ganas, sigue por la calle Castilla hasta la capilla del Patrocinio, donde está el Cachorro. Queda algo más apartada del resto, pero es la mejor manera de cerrar el círculo con la historia que abre este artículo. Consulta antes el horario de apertura, porque no siempre está abierta.

Cuándo cruzar el puente

Cada hora tiene su Triana. Por la mañana, el mercado está en plena actividad y los talleres de cerámica abiertos; es el momento de comprar y de ver el barrio trabajando. A mediodía, las barras se llenan para el aperitivo. Por la tarde, el paseo junto al río se anima y la calle Betis se prepara para el atardecer, que es cuando mejor se ve. Si viajas con niños, haz el recorrido por la mañana y reserva la noche en la calle Betis para los adultos.

En cuanto a fechas, julio trae la Velá, y la primavera, la Semana Santa, con el barrio volcado en sus cofradías. Son días de mucha gente y mucho ambiente; si prefieres tranquilidad, cualquier otra época del año te dejará recorrerlo a tu ritmo.

Además del Puente de Triana, puedes entrar al barrio por el puente de San Telmo, junto a la Torre del Oro, que te deja al principio de la calle Betis. Varias líneas de autobús urbano y la línea 1 de metro, con parada en Plaza de Cuba, dan servicio a la zona.

Comer en Triana

Triana es uno de los mejores barrios de Sevilla para tapear, y tiene ambientes muy distintos a pocos pasos unos de otros. Están las barras del mercado a mediodía, con el producto del día al lado; las tabernas de las calles del interior, más de vecinos; y las terrazas de la calle Betis, donde pagas también las vistas. Un truco que funciona casi siempre: aléjate un par de calles de los puntos con más turistas y busca la barra donde no cabe nadie más. En Triana, comer de pie, pedir unas tapas y acabar charlando con quien tienes al lado forma parte de la visita tanto como cualquier monumento.

Al otro lado del agua

Desde Triana tienes varias visitas a mano. Al otro lado del río, la Torre del Oro queda justo enfrente de la calle Betis. Hacia el norte, en la isla de la Cartuja, están CaixaForum Sevilla y el CAAC, instalado en el antiguo Monasterio de la Cartuja, que en el siglo XIX acogió una fábrica de loza: otra vez la cerámica, a un paseo de distancia. Y si quieres seguir conociendo la ciudad por zonas, tienes el resto en nuestra guía de los barrios de Sevilla.

De Triana antes que de Sevilla

Pasear por Triana es gratis, y con media jornada te da para conocer lo principal. Lo que se queda contigo es otra cosa: el bullicio del mercado a mediodía, los azulejos en las esquinas, el puente lleno de gente al atardecer y la Giralda vista desde la otra orilla. Vuelve al centro de noche, por el mismo puente por el que llegaste, y mira atrás antes de bajar. Entenderás por qué hay quien, cuando le preguntan de dónde es, todavía responde primero «de Triana».

Preguntas frecuentes

El Puente de Triana, la Plaza del Altozano, el Mercado de Triana, la calle Betis, el Centro Cerámica Triana, las calles de los antiguos alfares y la Capilla de los Marineros.

Actualmente su espacio arqueológico está cerrado. Según Visita Sevilla, solo el vestíbulo funciona como oficina de turismo, de 9:30 a 14:30.

Media jornada para recorrerlo con calma, con paradas en el mercado, la cerámica y la calle Betis.

De la tarde a la noche, terminando con el atardecer en la calle Betis. Por la mañana el mercado y los talleres están en plena actividad.

Andando, cruzando el Puente de Triana: desde la Catedral son unos 15 minutos. También hay autobús urbano y metro con parada en Plaza de Cuba.

Por su identidad propia ligada al río, su tradición cerámica, el flamenco, su vida marinera y sus devociones, como la Esperanza de Triana.

La gran fiesta del barrio de Triana, en julio, que llena de casetas y ambiente la orilla del río.

Artículos relacionados

Escrito por
admin

Equipo editorial de Cosas de Sevilla.