Puente de Triana: historia del puente de hierro más antiguo de España

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A las nueve de la noche de un día de primavera, el Puente de Triana es un desfile. Gente que vuelve de cenar en el centro, parejas que se paran a mirar el río, un guitarrista en la barandilla, alguien que cruza en bici esquivando a todo el mundo. Abajo, el Guadalquivir refleja los arcos de hierro y, al fondo, la capillita del Carmen marca la entrada a Triana. Es solo un puente. Y, a la vez, es una de las imágenes que mejor resumen Sevilla.

El Puente de Triana se cruza en dos minutos, pero merece bastante más. Es el puente de hierro más antiguo que se conserva en España, sustituyó a un puente de barcas que había funcionado durante casi siete siglos y es la puerta al barrio más personal de la ciudad. Te contamos su historia, qué ver a cada lado y dónde ponerte para la mejor foto.

Lo esencial antes de ir

  • Nombre oficial: Puente de Isabel II, aunque nadie en Sevilla lo llama así.
  • Qué une: el centro, a la altura de la Plaza de Toros de la Maestranza, con la Plaza del Altozano, en Triana.
  • Precio: gratis, se cruza a pie, en bici o en coche.
  • Cuándo ir: al atardecer y por la noche, cuando se ilumina.
  • Cuánto tiempo: diez minutos para cruzarlo con calma; media mañana si lo combinas con Triana.

Historia del Puente de Triana

Siete siglos de puente de barcas

Durante mucho tiempo, cruzar el Guadalquivir en Sevilla fue un problema. El río era ancho, tenía crecidas fuertes y el fondo no ayudaba a levantar pilares. La solución llegó con los almohades: en 1171, bajo el califa Abu Yacub Yusuf, se construyó un puente de barcas, una hilera de embarcaciones amarradas con cadenas sobre las que se colocaban tablones.

Aquel puente fue tan importante que durante el asedio castellano de 1248 la flota de Ramón Bonifaz lo rompió para dejar a Sevilla aislada de Triana y del Aljarafe, que la abastecían. Si has leído sobre la historia de la Torre del Oro, ya conoces ese episodio. Tras la conquista, el puente de barcas siguió en uso, con reparaciones constantes, hasta mediados del siglo XIX.

El puente de hierro de 1852

En 1844, el Ayuntamiento recibió varias propuestas para sustituir el viejo puente. Ganaron los ingenieros franceses Fernando Bernadet y Gustavo Steinacher, que ya trabajaban en puentes de El Puerto de Santa María. Su diseño era muy parecido al del Puente del Carrusel de París, levantado unos años antes sobre el Sena: arcos de hierro fundido apoyados en pilas de piedra.

Las obras empezaron en 1845 y terminaron en 1852, durante el reinado de Isabel II, de ahí su nombre oficial. El puente de París acabó desapareciendo, así que el de Sevilla es hoy el testigo de aquel modelo. Y con los años se convirtió en algo más: el puente de hierro más antiguo que se conserva en España.

En el siglo XX el tráfico creció tanto que la estructura original no daba para más. En 1974, al paso de la Esperanza de Triana en Semana Santa, el puente empezó a tambalearse y se cerró al tráfico. Se habló de derribarlo, pero la reacción de los sevillanos lo impidió: el 2 de abril de 1976 fue declarado Monumento Histórico Nacional y, tras una restauración a fondo, se reinauguró el 13 de junio de 1977. Lo que ves, los aros y los arcos, sigue siendo el puente del XIX.

Qué ver en el Puente de Triana

Los arcos y los aros

El rasgo que lo hace inconfundible son los anillos que llenan el espacio entre los arcos y el tablero. Desde el propio puente apenas se ven; hay que bajar a la orilla para entender la forma. Es entonces cuando se nota la elegancia del diseño: tres arcos amplios, muy rebajados, que parecen apoyarse en el agua sin esfuerzo.

La capillita del Carmen

En el extremo de Triana está la capillita del Carmen, una pequeña capilla de ladrillo y azulejo con forma de torre, obra de Aníbal González, el arquitecto de la Plaza de España. Los sevillanos la llaman «el mechero» por su silueta. Es el símbolo de la llegada al barrio y uno de los rincones más fotografiados del puente.

Las vistas

Desde el centro del puente tienes una de las mejores panorámicas de Sevilla: hacia el sur, la Torre del Oro y la orilla de la calle Betis; hacia el norte, la Torre Pelli y los puentes modernos; y a tu espalda, la Maestranza y la Giralda asomando entre los edificios. Al atardecer, la luz se pone detrás de Triana y todo se vuelve naranja.

Qué ver al cruzar: la entrada a Triana

El puente desemboca en la Plaza del Altozano, el umbral de Triana. Desde ahí, en un radio de cinco minutos, tienes lo más característico del barrio:

  • El Mercado de Triana, a la derecha nada más bajar del puente. Puestos de toda la vida y barras para tapear.
  • El Castillo de San Jorge, bajo el mercado: restos de la fortaleza que fue sede de la Inquisición, con un pequeño centro de interpretación.
  • El Callejón de la Inquisición, que baja hasta el río junto al mercado.
  • La calle Betis, a la izquierda, con terrazas mirando al río y a la Torre del Oro.
  • La calle San Jacinto y la calle Pureza, donde está la Capilla de los Marineros, con la Esperanza de Triana.
  • Los talleres de cerámica de la calle Alfarería y el Centro Cerámica Triana, para entender de dónde salen los azulejos que has visto por toda la ciudad.

Dónde hacer la mejor foto del Puente de Triana

El puente se fotografía mucho, pero casi siempre desde encima, que es donde menos luce. Estos son los sitios que mejor funcionan:

  • Desde el Paseo de Colón, en la orilla del centro, bajando al muelle junto al río. Con el atardecer detrás de Triana, el puente sale a contraluz y la capillita se recorta.
  • Desde la calle Betis, en la orilla de Triana, mirando hacia el norte. Es la foto clásica con el puente de perfil.
  • Desde el agua, en uno de los barcos turísticos que salen de la zona de la Torre del Oro.
  • De noche, cuando se encienden las luces del puente y las farolas se reflejan en el río.

Cuándo cruzar el Puente de Triana

De día el puente es tráfico y prisa; al atardecer es otra cosa. Esa es la hora buena: la luz cae sobre la orilla del centro, la gente sale a pasear y en Triana empiezan a llenarse las barras. Por la noche se ilumina y el ambiente sigue hasta tarde, sobre todo en verano.

En julio, durante la Velá de Santiago y Santa Ana, la fiesta grande de Triana, la orilla de la calle Betis se llena de casetas y el puente es el paso obligado entre el centro y la fiesta. Si coincides, merece la pena.

Cómo llegar

Desde la Catedral, baja por la calle García de Vinuesa o por la Avenida de la Constitución hacia el río y sigue por el Paseo de Colón hasta la Maestranza: unos quince minutos a pie. Desde la Torre del Oro, el paseo junto al río te deja en el puente en diez minutos.

Varias líneas de autobús de TUSSAM cruzan el puente o paran en la Plaza del Altozano; el buscador de rutas de su web te dice cuál te conviene. Andando es, con diferencia, la mejor forma de cruzarlo.

Consejos

  • Cruza a pie al menos una vez y bájate después a la orilla para verlo desde abajo.
  • Ojo con las bicis. El carril bici y las aceras se mezclan en los extremos.
  • Combínalo con el tapeo. El Mercado de Triana y la zona del Altozano son ideales para picar algo después de cruzar.
  • Evita el mediodía de verano. En el puente no hay ni una sombra.

¿Merece la pena?

No es un monumento que se «visite», pero es de las cosas que más se recuerdan de Sevilla. Cruzarlo al atardecer, con el río debajo y Triana delante, es gratis, dura cinco minutos y te deja en uno de los barrios con más carácter de la ciudad. Si solo tienes un día, hazlo al final de la tarde y quédate a cenar al otro lado.

Qué ver cerca del Puente de Triana

  • La Torre del Oro, a diez minutos por el paseo del río: horario y qué ver en la Torre del Oro.
  • La Plaza de Toros de la Maestranza, justo al lado en la orilla del centro.
  • La Plaza de España, a unos veinticinco minutos a pie hacia el sur: qué ver en la Plaza de España.
  • El barrio de Triana, al otro lado: mercado, cerámica, iglesias y bares.

En nuestra guía de los monumentos de Sevilla tienes una ruta a pie que termina, precisamente, cruzando este puente.

El último paseo del día

Hay ciudades donde los puentes se cruzan sin mirarlos. En Sevilla no. El Puente de Triana tiene algo de frontera y de abrazo a la vez: separa dos orillas que siempre se han sentido distintas y las une cada tarde con un ir y venir que no para. Déjalo para el final del día, crúzalo despacio y, al llegar al Altozano, date la vuelta. La Sevilla que acabas de dejar atrás se ve mejor desde aquí.

Información revisada en octubre de 2026. Horarios y precios pueden cambiar: consulta la web oficial antes de ir.

Preguntas frecuentes

Su nombre oficial es Puente de Isabel II, porque se terminó en 1852, durante el reinado de Isabel II. En Sevilla todo el mundo lo llama Puente de Triana.

Las obras empezaron en 1845 y terminaron en 1852. Lo diseñaron los ingenieros franceses Fernando Bernadet y Gustavo Steinacher.

Un puente de barcas, construido por los almohades en 1171, que se mantuvo en uso hasta mediados del siglo XIX.

Es el puente de hierro más antiguo que se conserva en España y uno de los símbolos de Sevilla. Une el centro con el barrio de Triana.

El atardecer y la noche. Con la puesta de sol el puente queda a contraluz y después se ilumina, con un ambiente muy animado a ambos lados.

Desde la orilla del Paseo de Colón o desde la calle Betis, al nivel del río. Desde encima del puente se aprecia mucho menos su forma.

Es la pequeña capilla con forma de torre que hay en el extremo del puente en Triana, obra de Aníbal González. Los sevillanos la llaman el mechero por su silueta.

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Equipo editorial de Cosas de Sevilla.