Alameda de Hércules: la alameda más antigua de Europa y su ambiente

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Alameda de Hércules: la alameda más antigua de Europa y su ambiente

Donde hoy se sientan las terrazas, hace quinientos años había agua. Esta parte del norte de Sevilla era la Laguna de la Feria, un terreno bajo e insalubre que se encharcaba con facilidad. En el siglo XVI, el asistente de la ciudad, el Conde de Barajas, decidió desecarla y plantar en su lugar un paseo arbolado. Se inauguró en 1574, y desde entonces se considera la alameda pública más antigua de Europa.

La laguna no se ha olvidado del todo. Bajo el pavimento de la actual Alameda de Hércules hay un tanque de tormentas que protege a la ciudad de las inundaciones, una especie de eco moderno de aquel terreno que siempre acababa bajo el agua.

Columnas romanas de Hércules y Julio César en la Alameda de Hércules de Sevilla, entre árboles y edificios bajo un cielo azul

Dos columnas y dos fundadores

Para dar prestancia al nuevo paseo se trajeron dos columnas romanas de un antiguo templo de la calle Mármoles, en el centro de la ciudad, y se colocaron en el extremo sur. Encima se pusieron las estatuas de Hércules y Julio César, a quienes la tradición considera los fundadores míticos de Sevilla. De ahí viene el nombre de la Alameda.

Son columnas con más de dos mil años de historia, y siguen siendo el símbolo del lugar y el punto de encuentro clásico para quedar. Plantarse debajo y levantar la vista hacia los dos fundadores es una buena manera de empezar el paseo. Desde la base se entiende bien la idea original del conjunto: un gran salón al aire libre que la ciudad se regaló a sí misma al secar su laguna, presidido por quienes, según la tradición, la habían fundado.

Paseo de la Alameda de Hércules con terrazas, mesas y gente bajo los árboles en un día soleado

Circos, cines, olvido y vuelta

La Alameda ha tenido muchas vidas. A principios del siglo XX acogió circos y cines al aire libre y se convirtió en un referente del ocio de la ciudad. Después llegaron décadas de deterioro, en las que el paseo perdió buena parte de su atractivo y de su público. En 2008 se rehabilitó a fondo y recuperó su papel como uno de los grandes espacios públicos de Sevilla.

Esa historia de altibajos explica en parte su carácter actual. No es un lugar pulido ni de postal. Es un barrio vivo, con su propio ritmo, donde conviven vecinos de toda la vida, gente joven, familias y visitantes que han oído hablar de ella como la Sevilla más alternativa.

Pasear hoy por la Alameda es, en cierto modo, recorrer todas esas etapas a la vez. Las columnas recuerdan el paseo del siglo XVI; los edificios de alrededor, la ciudad que fue creciendo a su lado; y las terrazas, la recuperación más reciente. Ningún tramo lo explica todo, pero juntos cuentan bastante bien cómo ha cambiado Sevilla en más de cuatro siglos.

Un paseo con barrio alrededor

Ante todo, la Alameda es un paseo: una gran explanada con álamos, fuentes, esculturas modernas y mucho espacio abierto, en el centro-norte del casco histórico, entre la calle Trajano y el barrio de San Lorenzo. Recórrela de punta a punta y fíjate en la mezcla de edificios que la rodean: casas antiguas, palacetes, bloques modernos y locales con fachadas pintadas. Ninguna fachada se parece a la de al lado, y eso forma parte de su encanto.

No hay entrada ni horario: es un espacio público y gratuito, y se puede recorrer a cualquier hora. Eso permite plantearla de muchas maneras, como parada de diez minutos en una ruta por el norte, como lugar para comer o cenar, o como destino de una tarde entera sin más plan que sentarse y mirar.

Lo mejor, sin embargo, está en las calles de alrededor. Ahí aparecen bares con personalidad, tiendas vintage, librerías, arte urbano y algunos edificios históricos y espacios culturales como el Espacio Santa Clara o el Palacio de los Marqueses de la Algaba. Dedica un rato a perderte por ellas, porque es donde la Alameda deja de ser una plaza y se convierte en barrio.

Es, además, uno de los puntos clave de la Sevilla menos turística: terrazas, locales de música, teatros independientes y una agenda cultural que conviene consultar, porque en sus espacios se programan conciertos, exposiciones y teatro. El ambiente es más local que el de Santa Cruz o el Arenal, y se nota en cuanto te sientas.

La misma plaza a las once y a las nueve

Pocos lugares de Sevilla cambian tanto según la hora. Por la mañana, la Alameda es tranquila: niños en los columpios de sus parques infantiles, vecinos haciendo recados, alguien leyendo en un banco y terrazas con café al sol en invierno o a la sombra en primavera. Es buen momento para recorrer las calles laterales, entrar en librerías y tiendas y descubrir el arte urbano de las fachadas.

A media tarde empieza a llenarse, y al atardecer encuentra su mejor momento: la luz es bonita, el ambiente crece y sentarse en una terraza es casi obligado. Por la noche, sobre todo en fin de semana, se convierte en uno de los puntos de encuentro del ocio sevillano, con las terrazas llenas, los locales abiertos y la animación alargándose hasta tarde.

Detalle de las columnas de la Alameda de Hércules con sus capiteles corintios y las estatuas, y fachadas de colores al fondo

Si puedes, ven dos veces, una por la mañana y otra al caer la noche. Parecerán dos sitios distintos. Eso sí, en verano evita el mediodía: aunque hay árboles, la explanada es amplia y la sombra no lo cubre todo. En invierno pasa lo contrario: el sol del mediodía es justo lo que se busca, y una mesa al sol en la Alameda es de los mejores sitios del centro para comer al aire libre.

Tapas fuera del circuito

Alrededor de la Alameda hay bares de todo tipo: tabernas de toda la vida, locales con cocina moderna, cafeterías con terraza y bares de copas. Es una de las zonas del centro donde mejor se mezclan el público local y el visitante, y donde los precios suelen ser algo más amables que en las calles más turísticas.

Un consejo para acertar: además de las terrazas de la propia explanada, explora las calles laterales. Muchos de los locales con más personalidad están a una o dos manzanas del paseo, y es ahí donde se come y se bebe como en el barrio. Fíjate en lo que piden en las mesas de al lado: suele ser la mejor pista. Y como en cualquier lugar donde la gente vive, conviene recordar que de noche hay vecinos intentando dormir.

Por el norte, de las Setas a la Macarena

Llegar es fácil. Desde las Setas de Sevilla son unos diez minutos andando por la calle Trajano o por Amor de Dios, y desde la Catedral, unos veinte o veinticinco. La Alameda funciona muy bien como pieza central de una ruta por el norte del casco histórico, una zona menos turística y muy auténtica.

Una ruta a pie que funciona: empieza en las Setas, sube por la calle Feria con su mercado, llega a la Basílica de la Macarena y el Arco, sigue el tramo de muralla y termina en la Alameda al caer la tarde, con una terraza para descansar. Son unas dos o tres horas a ritmo tranquilo, con muchas paradas posibles por el camino.

Es un buen recorrido para quien ya ha visto los monumentos del centro y quiere otra cara de la ciudad, con menos grupos organizados y más vida de barrio. Tómatelo con calma: el atractivo de esta ruta está en las paradas, en el mercado de Feria, en las calles estrechas y en las plazas que van apareciendo por el camino.

Si prefieres un plan más cultural, combina la Alameda con el Espacio Santa Clara y con el Palacio de las Dueñas, que está a unos diez minutos andando. Así pasas de un palacio con siglos de historia a la Sevilla más actual en un solo paseo.

Columpios por la mañana, copas por la noche

Para familias es uno de los mejores espacios del centro, sobre todo por la mañana o a primera tarde. Hay parques infantiles, espacio para correr y bancos a la sombra para los mayores. Por la noche el ambiente cambia y se vuelve más adulto, así que con niños pequeños es mejor venir de día.

Para el resto, es una visita ideal si buscas ambiente local, si viajas con amigos o en pareja y te apetece una tarde sin monumentos, o si quieres conocer una Sevilla distinta a la de las grandes postales. Si lo que te interesa son exclusivamente los monumentos históricos, Santa Cruz y el centro te darán más. Y si tienes dos o más días en la ciudad, pocas formas hay mejores de terminar una tarde.

Cuatro siglos de paseo

La Alameda de Hércules ha sido laguna, paseo aristocrático, escenario de circos, zona olvidada y, hoy, punto de encuentro de la Sevilla más viva. Aquí lo que toca es estar, más que ver: siéntate en una terraza al caer la tarde, mira a la gente pasar y busca con la vista las columnas de Hércules y Julio César. Desde ahí verás la ciudad que no sale en las postales.

Si te gusta descubrir así las ciudades, por barrios, tienes el resto en nuestra guía de los barrios de Sevilla.

Preguntas frecuentes

Una gran explanada arbolada del centro-norte de Sevilla, inaugurada en 1574 y considerada la alameda pública más antigua de Europa. Hoy es una de las zonas con más ambiente de la ciudad.

Por las estatuas de Hércules y Julio César que coronan las dos columnas romanas de su extremo sur. La tradición los considera fundadores míticos de Sevilla.

De un antiguo templo romano de la calle Mármoles, en el centro de Sevilla. Se trasladaron a la Alameda en el siglo XVI.

A media tarde o al atardecer, cuando el ambiente se llena de vida. Por la mañana es más tranquila e ideal para ir con niños.

Sí. Es una de las zonas de ocio más animadas del centro, con terrazas, bares y locales de música, con un ambiente más local que el de otras zonas turísticas.

Las Setas de Sevilla, la calle Feria, la Basílica de la Macarena, el Espacio Santa Clara y el Palacio de las Dueñas.

En 2008, tras una etapa de deterioro. Desde entonces es uno de los grandes espacios públicos de la ciudad.

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Equipo editorial de Cosas de Sevilla.